La viajadera

Delta Amacuro: Tierra de magia ancestral

Delta Amacuro es el estado más oriental de Venezuela, sin duda es un lugar lleno de misterios, magia y pureza. El majestuoso río Orinoco, el más largo del país, es el protagonista del paisaje a lo largo y ancho de este territorio con sus numerosos caños que comunican decenas de comunidades indígenas.

Tener el privilegio de estar en un lugar con tanta importancia cultural como este, se ha convertido en toda una experiencia enriquecedora y valiosa, que por cierto, recomiendo a todo aquel que desee conectarse con la naturaleza y con lo puro de convivir con comunidades que gozan de no estar contaminados de vicios tecnológicos o de estar alejados de una ajetreada vida a la que somos sometidos los que vivimos en grandes ciudades.

Este viaje estaba programado para un fin específico: incentivar y enseñar a las comunidades Warao la siembra y manejo de palmas de Moriche en los conucos familiares, organizado por la Fundación Tierra Viva y un equipo de profesionales con los cuales tuve la fortuna de viajar.

La palma de Moriche «el árbol de la vida» es una especie de palmera que tiene un papel fundamental en el día a día de las comunidades Warao (nombre de la etnia indígena que vive en esta región del país) puesto que esta planta se ha convertido en fuente de materia prima para la realización y confección de toda clase de artesanía, desde hamacas, cestas, carteras hasta accesorios, así como también alimento, siendo el palmito, la fruta en si, el gusano que esta crea, entre otros, alimentos que hacen parte de la dieta Warao.

Con la fortuna de ser acompañada en todo el recorrido por una intérprete Warao pude pasearme por 6 diferentes comunidades ubicadas siempre en las orillas del río, y muchas veces separadas unas de otras por pequeños caños.

Los Warao son conocidos por ser «gente de agua», las comunidades conformadas por numerosas familias se caracterizan por habitar las orillas del río y no en medio de jungla y vegetación que les dificulte el acceso al vital líquido. Además poseen una estructura social organizada que les permite tener la figura de Cacique, y una distribución de funciones bien definida entre hombres, mujeres y niños.

Si bien es cierto que estas familias presentan algunas carencias en cuanto a salud, medicina, educación, planificación familiar, alimentación entre otras cosas, puedo decir que una de las cosas que más me gustó de esta experiencia es observar el interés por preservar sus raíces, costumbres, cultura, lenguaje. Solo los adultos hacen su mejor esfuerzo por entender y hablar español, a los niños «los enseña la vida».

Hay dos maneras de llegar, la primera es viajar hasta la ciudad de Maturin, capital del estado Monagas, ya sea vía terrestre o aérea y, a través de una embarcación, navegar por uno de los caños del río Orinoco llegar al municipio Pedernales, a pocos kilómetros de la desembocadura al mar.

U otra opción es llegar hasta Puerto Ordaz, bonita ciudad ubicada en el estado Bolívar, por vía terrestre llegar a Tucupita, capital del estado Delta Amacuro y de allí tomar una embarcación hasta llegar a la zona. Yo utilicé este camino para llegar hasta la comunidad de Wakajarita a dos horas de distancia de la ciudad y donde comenzó toda la experiencia al ser acogida por Orlando y su familia.

 

Aprovecho para hablarles de Orlando, un joven Warao emprendedor que desarmó su casa para construir un campamento, el cual sigue acondicionando para la llegada de turistas, quizá es la más sencilla de las estancias pero una de las que más te permite estar en conexión permanente con la naturaleza y con la sencillez de la vida.

Terminar el día con la luz del sol, comenzarlo con el cantar del gallo y el sonido de los monos Arawakos, tomar un baño con aguas del río más importante del país y con vista a todo el conuco, ver, como primer paisaje al despertar, la corriente del río en dirección al mar llevando a su paso cientos de plantas acuáticas flotantes llamadas «Bora» y luego ver la corriente regresarlas al medio día, disfrutar de un atardecer sin precedentes, deleitarse con una noche estrellada entre el sonido de grillos y sapos, dormir mecido en una hamaca, con suerte, despertar a media noche con el sonido de la lluvia y el golpear del agua con las palmas de moriche seco que funcionan como techo.

Y en mi caso además de todo lo anterior, estar rodeada de dulces niños que aunque no pude hablar con ellos, a pesar de eso, nos pudimos comunicar a través de sonrisas, gestos o hasta la fotografía nos sirvió de puente.

Orlando y su familia apuestan al turismo en la zona, es por ello que la Fundación Tierra Viva ha promovido talleres, y promoción del lugar, incentivando y apoyando a los nuevos emprendedores turísticos.

Adicional a Wakajarita hay otros espacios más desarrollados para el turismo, como lo es la posada Oropéndola, atendida por Miguel, quien construyó un lugar turístico a modo de palafito que en plan de paquete incluye algunos paseos a caños aledaños así como otro tipo de actividades recreativas.   (https://posadaoropendula.wordpress.com/)

Si conocemos otras latitudes, por qué no conocer lo bonito de nuestra tierra, de nuestra gente, de nuestra historia, de nuestro origen, de nuestra esencia. Los Warao llegaron hace cientos de años a esas tierras y también, cientos de años después, llegamos nosotros con la «civilización» en los hombros, olvidando espacios y personas que representan un papel fundamental en nuestro gentilicio, como lo es el Delta del Orinoco, un espacio mágico donde desemboca al mar el río más grande y poderoso de nuestro territorio, y su gente, los primeros pobladores de este bello pedacito de gracia llamado Venezuela.

Gracias a la fundación Tierra Viva por tan valioso apoyo en vivir tan bonita experiencia y por contribuir día a día en el desarrollo de nuestro país. (http://deltatierraviva.blogspot.com/) (http://www.tierraviva.org/)

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Fotografía y texto por: Diana Carolina Beltrán

 

 

La viajadera

Taguay: «Pueblo pa’ bueno»

 

«Si dicen que Guárico, geográficamente es el corazón de Venezuela, entonces nosotros somos los latidos de ese corazón» aseguran con una enorme sonrisa los habitantes de Taguay, un pueblo localizado al sur del estado Aragua en la frontera con el estado Guárico de Venezuela.

Es de admirar el sentido de pertenencia, el arraigo de lo suyo y las ganas de crecer como sociedad el que brota por los poros de todo aquel que hace vida en la localidad.

Con el apoyo de diferentes ONG la comunidad trabaja en un bonito proyecto el cual busca hacer trascender su historia local, su cotidianidad, sus riquezas naturales, su simpática gastronomía como por ejemplo los fulanos «plátanos picarones» que me hicieron salir corriendo a buscar papel y lápiz para anotar la receta inmediatamente que los probé.

Si me preguntaran que es lo más valioso de ese lugar sin pensarlo dos veces diría que su gente, es gratificante ver todas esas sonrisas juntas esperando por aquellos que se animan a escuchar la historia de su pueblo, la cual es contada de generación en generación hasta llegar a los oídos turistas que recorren sus calles, calles que hace cientos de años fueron la arteria principal  que conectaba la zona de los llanos con las principales ciudades, cuna de grandes actividades comerciales para la época, como Ocumare o la lejana Caracas.

 

Sus calles fueron escenario de algunos aconteceres históricos que junto a muchos otros marcaron la trascendencia de su historia regional. La calle Bolívar, que curiosamente es la que bordea al pueblo y no es la principal, vio pasar a hombres como José Tomás Boves o hasta el mismo ex presidente Juan Vicente Gómez, junto a Eloy Tarazona su mano derecha, en busca de reses para su finca ganadera.

Los lugareños en pro de darle vida turística al lugar han creado rutas guiadas que atraviesan de cabo a rabo el pueblo y que por supuesto incluyen una parada debajo de un majestuoso árbol que les ha dado sombra por más de doscientos años y que como cada esquina, tiene una historia propia digna de escuchar, la visita a la casa más antigua de la zona la cual está por convertirse en patrimonio, deleitarse con los deliciosos productos caseros que hacen para consentir a todo el que los visita. (Cuando prueben el vino de parchita, por ejemplo, sabrán de que les hablo).

La plaza Bolívar del pueblo es como si fuera el patio central de una gran casa, todas las personas se conocen, todos son amigos, los abuelos se agrupan en las tardes a echar cuentos al que se le acerque y por supuesto nunca falta el protagonista de toda reunión de veteranos, un juego de dominó.

En mi recorrido tuve la suerte de presenciar el ensayo de la orquesta del pueblo, curiosos niños de unos 8 años de edad aproximadamente hacían retumbar las enormes paredes de la iglesia, el único lugar que le ofrece mayores comodidades para ensayar en toda la localidad. Con finos instrumentos entonaron melodías que sin duda deleitaron a todos los afortunados asistentes que no paramos de aplaudir y tomar fotografías desde todos los ángulos posibles.

Todo el recorrido lo disfruté tanto como el cierre de la ruta, una parejita de vecinos de unos 9 años se adueñaron del patio central de «Casa Taguay», (donde les conté que me deleité con los famosos plátanos picarones), bailaron una pieza de joropo tocada en vivo como ningún profesional del baile lo haría, en minutos el patio se llenó de zapateos sincronizados que seguían la seña del arpa, cuatro y maracas que amenizaba la reunión.

Apuesto que muy pocos de los que lean esta entrada no han ido o siquiera escuchado de Taguay «pueblo pa’ bueno» como ellos mismos aseguran y como ahora yo confirmo, queda a unas 2 horas de Caracas cerca de Altagracia de Orituco, vayan, caminen sus calles, bañense en el río, disfruten sus posadas, sean inspirados como yo por decenas de personas que creen en esta tierra fervientemente y que si no tienen azúcar para el juguito de bienvenida, preparan el mejor papelón con limón que puedan.

Ellos piensan en todo y  ni el internet intermitente es una limitante para ellos, si quieres saber más sobre Taguay visita: ecoturismotaguay.wordpress.com o para información adicional ecoturismotaguay@gmail.com.

Una vez más gracias por el aporte de ideas, soluciones, motivación y demás recursos a las ONG que hacen vida en proyectos como este y muchos otros. Por supuesto gracias por la invitación de la Fundación Tamayo. http://www.fundaciontamayo.org.ve

Fotografías y texto por: Diana Carolina Beltrán

Instagram y Facebook: @loscuentosdetita

Twitter: @cuentosdetita

cuentosdetita@gmail.com

 

 

 

 

Cuentos Cortos

La vida sobre el agua

¿Cuántos han soñado con vivir en un bote? … tal vez muchos, ¿cuántos viven en un bote? … seguramente pocos.

A pesar de que los propietarios de estos peculiares y simpáticos hogares representan una minoría, este estilo de vida guarda un espacio dentro de la rica cultura inglesa, puesto que los canales de agua fueron construidos alrededor del año 1800 para convertirse en la principal vía de transporte de carbón y diversos materiales para construir la ciudad de Londres.

Cuando se empezaron a usar otros medios de transporte, estos quedaron en desuso, pero hoy en día estos canales generan vida, no solo son un medio de transporte turístico o de carga, sino también es posible vivir sobre ellos o disfrutarlos gracias a algunos cafés, restaurantes o hasta librerías «acuáticas».

¿Cuántas preguntas se vienen a la mente cuando de vivir sobre el agua se trata?

¡Probablemente millones!Pues lo cierto es que vivir en un bote se trata de toda una experiencia, te enseña a conocerte más a ti mismo, enseña a apreciar lo que se tenía antes de vivir en uno, pero que fácilmente entra en la cotidianidad y pasa desapercibido, como lo es por ejemplo el espacio, o tal vez algunos electrodomésticos que se tienen porque «parecieran» ser indispensables, pero cuando se vive en un hogar sin tierra firme los recursos son finitos y por lo tanto cada milímetro desperdiciado cuenta y se nota.

Además, vivir en un bote requiere de un dedicación constante, aunque existen ciertos elementos que compensan el esfuerzo: la vista, los carismáticos patos, cisnes y garzas alrededor en un día soleado, ser  mecido suavemente en una noche ventilada y tener como posibilidad mudarse de zona, pero con tu casa a cuestas y de la misma manera, dependiendo que tan amigable eres o no, cambiar muy fácilmente de vecinos.

En fin, es una aventura cotidiana y más si se le añaden ciertas condiciones como la variante del tiempo por ejemplo, en el caso del particular clima londinense. En invierno es una cálida hielerita, pero según Jenny la dueña del bote Orinoco, en verano «es como vivir siempre de vacaciones».

Muchas personas viven en botes por necesidad, Londres es una de las ciudades más costosas del mundo, renta mensual, impuestos, comida entre otras cosas son gastos que algunas veces se hace difícil cubrir para algunos, entonces ésta se convierte en una opción, pero por otro lado, un gran número de aventureros eligen vivir allí por gusto, si así se quiere, se puede gozar de las mismas comodidades que las de un hogar en tierra firme: ducha, tina de baño, agua caliente, gas, calefacción, electricidad, Wifi, baño portátil y hasta disfrutar de un interesante libro en un cómodo sofá junto a la chimenea.

Un bote, dos maneras de vivir

Al tener un bote se puede vivir en uno de los canales que se conectan con el rio Támesis, la elección de algunos boteros muchas veces es aleatoria, pues al no pagar un «puesto fijo» sino estar a orillas de una vía pública (en este caso fluvial), se deben mover de lugar aproximadamente cada 2 semanas, entonces no siempre se gozan de los servicios básicos, lo que enseña a aprovechar la luz del día al máximo y agendar como actividad obligatoria la búsqueda de leña para hacer fuego en invierno y básicamente sobrevivir al frio.

También es una opción vivir en un condominio o comunidad privada de botes, donde al pagar un monto periódico se cubren los servicios básicos, un lugar fijo de residencia además de contar con acceso a baños y duchas para visitantes, lavandería, etc.

¿Qué debo hacer si quiero vivir en un bote?

Existen algunas actividades que deben incluirse en la cotidianidad de la vida sobre el agua, unas agradables y divertidas, otras … bueno después de todo, la actitud es lo que cuenta ¿no?

  • Llenar frecuentemente el tanque de agua para cocinar y consumir, si gastas menor cantidad de agua que la que usualmente cualquier persona desperdicia, tendrás más tiempo libre a la semana.
  • Reciclar las cajas de cartón de los cereales o huevos, el periódico de ayer y hasta el encartado publicitario de los domingos, para iniciar el fuego en la chimenea.
  • Vaciar el baño portátil y tener disponible siempre los productos de limpieza que harán que no notes su presencia en el bote.
  • Procurar que el orden no se te escape de las manos, una hoja de papel fuera de su lugar se notará, parecerá un caos, pero tranquilo es solo una hoja de papel.
  • Si vives en una comunidad en la cual compartes áreas comunes, debes percatarte de no incomodar con tus pertenencias, por ejemplo en el uso de las lavadoras y/o secadoras, estos electrodomésticos son compartidos con tus vecinos y seguramente ellos guardan poco interés por conocer tu ropa interior.
  • Dedicar unos minutos para fomentar algún vínculo de amistad con tus vecinos, si necesitas ayuda en algún momento, ellos serán tu familiar mas inmediato.
  • Tener pensado algún plan B en tal caso que en invierno se congele la llave común que surte el vital liquido.
  • Despojarte del 90% de tus pertenencias y REALMENTE comenzar a vivir una nueva vida con lo básico.
  • Por último pero primordial: Ser feliz.

Si estas dispuesto a vivir una nueva experiencia después de estas recomendaciones, ¡Felicitaciones!, hazlo, es una buena oportunidad para conocer nuevas facetas de ti mismo y salir de la rutina.

Y como aprendí de una querida profesora llamada Linda en mi paso por Londres, «casa puede ser cualquier cosa pero hogar es el espacio que esta detrás de la puerta».

Cada vez son más los londinenses aventureros que se atreven a vivir sobre el agua, parece un vida dura pero en realidad es gratificante.

Jenny es mi hermana y la dueña de Orinoco, ella me brindó la experiencia de poder responder la pregunta ¿cómo es la vida en un bote? lo cual me inspiro a escribir esta nota.

Estas son algunas preguntas que seguramente se han formulado luego de leer esto y que quisieran preguntarle a un botero de oficio y corazón como lo es ella.

~ ¿Cuánto tiempo llevas viviendo en un bote?

Solo he estado un año, es decir: un maravilloso verano, un adorable otoño, un cruel invierno y ahora disfrutando el inicio de la primavera. 

¿Por qué decidiste cambiar de estilo de vida?

Yo viejo mucho. Usualmente mi vida esta llena de cosas emocionantes y diferentes, cuando yo estaba lejos no quería regresar a una «aburrida» casa, cuando tomé la decisión yo no tenia idea de lo que estaba haciendo , pero ahora teniendo la experiencia, no me arrepiento de nada.  

~ ¿Qué crees que se necesita para vivir en un bote?

Es una buena pregunta. Pienso que se necesita muy poco en términos de recursos materiales… pero lo que definitivamente se necesita es resistencia a la rutina y curiosidad para entender cómo las cosas diarias más pequeñas, que cualquiera daría por hecho en un hogar normal, en realidad son un trabajo.

~ ¿Qué les recomiendas a todas aquellas personas que sueñan con vivir en un bote pero aún no lo han hecho?

Es algo diferente. Es una experiencia especial y tener una buena historia que contar. Es un estilo de vida muy simple y sin embargo emocionante. Te conecta con la naturaleza de una manera que yo nunca pensé que lo haría. Si sueñas con hacer esto, sólo hazlo.

~ ¿Qué es lo que más te gusta de vivir en un bote?

La sensación de que el día mas común forma parte de una rutina especial, a mi me parece que es como estar de vacaciones cada día que me despierto rodeada de patos y garzas. 

~ ¿Qué es lo que menos te gusta de vivir en un bote?

Si se mantienen los vínculos con lo que la mayoría de la gente consideraría como una «vida normal» (es decir, una lujoso puesto de trabajo en la ciudad que necesita una corbata o unos tacones), se hace algunas veces difícil la combinación de las dos corrientes de vida.

Los botes tienden a ser espacios rústicos y hay que ser muy selectivo para saber qué conservar y qué desechar. Es prácticamente imposible tener un lujoso y variado armario pero pequeño y selectivo al mismo tiempo, por ejemplo, los zapatos de color (por no hablar del hecho de estar libres de polvo) … Y así continuo yendo a trabajar para pagar mis cuentas y cumplir mis ambiciones profesionales.

~ ¿Qué es lo que más extrañas de una «vivienda convencional»?

He recordado lo que es estar en una casa normal en invierno, mantener la calidez en un bote no es difícil gracias a la maravilla del carbón… pero, se trata se un trabajo a tiempo completo en el cual siempre resulto muy sucia.

~ ¿Es costoso vivir en un bote?

Como todo en la vida, es tan caro como tu quieras que sea. Si decides estar en un puerto privado pagas por servicios tales como agua, electricidad, baños, wi-fi, etc. El costo es un extra a los constantes y pequeños trabajos que se necesitan para mantener la comodidad en el bote, es algo parecido a una habitación alquilada en una casa normal.

Una alternativa más económica podría ser estar en constante movimiento, que es cuando se vive a lo largo de los canales y ríos bajo la condición de cambiar el punto de amarre del bote al menos cada dos semanas. Eso parece ser «más barato» en términos de costos de vida, pero para mí el tiempo y la energía invertida en el movimiento constante ademas de la comodidad de las instalaciones de la marina tiene más valor.

Escrito desde la comodidad de un bote por: Diana Carolina Beltrán

Fotografías: Diana Carolina Beltrán